Introducción
En los últimos 30 años, Panamá se destacó por un crecimiento económico acelerado y sostenido. Sin embargo, las fortalezas que permitieron importantes avances en la calificación crediticia del país se han visto debilitadas en la última década, especialmente tras el impacto de la pandemia. Este escrito resume las razones detrás de las alzas y bajas de la calificación, los desafíos actuales y las perspectivas de sostenibilidad fiscal.

El período de crecimiento y mejora de calificación
Entre 1990 y 2019, Panamá registró un crecimiento promedio de 6% anual, uno de los más altos en América Latina.
Este desempeño permitió:
- Reducir la deuda pública de niveles cercanos al 70% del PIB hasta menos del 40%.
- Consolidar la credibilidad fiscal, apoyada por la globalización, la estabilidad económica relativa y la expansión del sector turístico.
- Mejorar la posición crediticia internacional, alcanzando en 2018–2019 un nivel de grado de inversión (W1), reflejo del dinamismo de la economía.
Factores de deterioro
A pesar de estos avances, surgieron vulnerabilidades que se agudizaron con la pandemia:
- Dependencia del crecimiento: la política fiscal no se ajustó al ritmo necesario, acumulando presiones de gasto.
- Cambios de gobierno: cada transición dejó rezagos fiscales y atrasos en pagos, complicando la gestión presupuestaria.
- Debilidad institucional: la falta de reformas estructurales en temas como el sistema de pensiones, productividad laboral y estado de derecho limitó la posibilidad de alcanzar una calificación “A”.
- Impacto de la pandemia: reveló desequilibrios subyacentes en el gasto público, aumentando la deuda y deteriorando la sostenibilidad fiscal.
Situación actual
Hoy Panamá enfrenta un escenario desafiante:
- Deuda pública: ha aumentado más de 20 puntos del PIB desde 2015, acercándose al 65%.
- Carga de intereses: Panamá destina entre 18% y 19% de sus ingresos al pago de intereses, uno de los niveles más altos del mundo, solo por debajo de India.
- Ingresos fiscales bajos: la recaudación tributaria sigue rezagada en comparación con países pares en América Latina y Asia.
- Rigideces del gasto: compromisos como el 7% del PIB en educación y el aumento de salarios públicos reducen el margen de maniobra fiscal.
Reformas recientes y retos pendientes
El gobierno ha dado pasos importantes, como la reforma de la Caja de Seguro Social, considerada necesaria y urgente para dar sostenibilidad al sistema de pensiones. Sin embargo, persisten retos clave:
- Incorporar el costo fiscal adicional (aprox. 1% del PIB) de la reforma.
- Asegurar un ajuste fiscal equilibrado, reduciendo gastos ineficientes pero también fortaleciendo los ingresos.
- Enfrentar la presión social y política, con protestas recurrentes que limitan la capacidad de implementar cambios de fondo.
Riesgos políticos y sociales
Las protestas sociales recientes han demostrado que la presión ciudadana puede llevar a mayores gastos, como ocurrió con el aumento en educación tras las manifestaciones de 2022. Esto genera incertidumbre sobre la capacidad de los gobiernos para implementar políticas de disciplina fiscal sin generar tensiones sociales.
Conclusiones
Panamá mantiene fortalezas económicas importantes, pero la sostenibilidad de sus finanzas públicas depende de:
- Reformas estructurales que fortalezcan la institucionalidad y la recaudación.
- Control del gasto riguroso para evitar un deterioro mayor de la deuda.
- Consenso político y social para respaldar los ajustes necesarios.
La historia reciente muestra que los avances son posibles, pero también que las oportunidades desaprovechadas y los choques externos pueden revertir años de progreso. El reto inmediato es convertir la voluntad política en capacidad de ejecución para asegurar que Panamá mantenga su estabilidad económica y su atractivo ante los mercados internacionales.


